Recuerdo esa pregunta constantemente ¿Para usted qué es el paraíso? Yo seguía hablando del rumor de la ciudad, de esa música violenta que parecía flotar en el aire de San Pedro Sula. Esa noche la música era distinta, yo no era el mismo, nada lo era y lo volvería a ser jamás. - ¿Música o ritmo? Ciudad grande – cuidad pequeña, o campo - ciudad…a que se refiere…creo que tendría que conocer su pequeña ciudad para saber de lo que me está hablando. – Nunca la había escuchado como hoy, el ritmo me parecía siempre el mismo, pero ahora es como si hubieran enjambres de luciérnagas por todos lados. Yo no sé que sonido hace una luciérnaga al volar, pero este rumor se parece a eso, a algo que no sé, que no conozco. ¿Pero a que tipo de paraíso se refiere? a uno estilo Dante con estructuras y todo eso, a uno de onda griega o cristiana o a un paraíso más terrenal y por ende más al alcance de nosotros. – Me agrada la última parte, vuelvo a formular mi pregunta ¿Cuál es su paraíso? ¿Cómo? y ¿Por qué?
Si yo escribiera a la manera romántica diría que aquella noche fue una copa de vino que tenía en sus entrañas a una luna herida, pero no es verdad. Si acaso hay una noche como esa, ha de pertenecer a un noviembre todavía por vivir. No voy a herir a la luna y a trasformar la noche en una copa de vino sólo por capricho, hasta que no la viva no lo haré. Si yo creyera en los presagios diría que esa pregunta aparentemente trivial es ahora muy importante, pero no me acabo de convencer de ello. Decenas de lunas y luciérnagas después aún considero que no supe responder. En el momento en que la escuché sabía la respuesta pero no de esa pregunta exactamente ¿Para usted que es el infierno? Larga respuesta hubiese dado. No porque me jactara de conocer algo parecido al infierno terrenal, sino porque seguiría pensando en un paraíso latente, tan al alcance de una luciérnaga. Había sobrevivido y podía decir: Antaño si mal no recuerdo…como Rimbaud.
Esa noche que aún no llega es como una escena de la película hondureña que jamás se filmará. La luna será vista através de un cristal y ocurrirá el milagro de una herida necesaria para no imaginar más destinos, luciérnagas, rumores, amores, preguntas o respuestas o si escribes a la manera romántica etc. Cuestiones que se saborean tan absolutas, necesarias e innecesarias a la vez en su definitiva forma de antítesis en los clásicos: amor – desamor, alegría – tristeza, un hola o un adiós. Un hasta pronto, un para siempre, entre palabras o en mis labios. Cosas como esas, ustedes saben, las de cada día, como quien quiere un noviembre.